Preguntas como balas

Nos dirigíamos hacia nuestra zona de patinaje favorita cuando nos encontramos en nuestro camino con una exhibición de las Fuerzas Armadas Españolas.

Los Ejércitos de Tierra, Aire y Mar desplegaban todo tipo de tiendas, información, militares, tanques y lanzacohetes, entre otros artilugios, mostrando todo aquello que atesoran y utilizan en el desempeño de su labor.

El primero fue un tiro al aire:

“¿Qué es todo esto?”

“El ejército” -respondí, sin darle mayor trascendencia.

Entonces, surgiendo desde mi hija de seis años de una forma tal que me recordó a como suele disparar las cosas la vida misma -a bocajarro y sin miramiento alguno- surgió la segunda pregunta:

“¿Y qué es el ejército, papá?”

La respuesta rápida habría sido muy sencilla: “un grupo de personas que nos protegen de otras personas…” o algo así

Pero, claro… yo ya me conozco las cabras que guardo. Y si daba pie a una tercera bala, nada garantizaba nada: tendría que explicar por qué necesitamos que nos protejan de otras personas.

Y lo trivial se iba a convertir en un fusilamiento que ni Neo iba a poder esquivar:

Tendría que explicar cómo es que aún, en este mundo, existen fronteras.

Y luego algo que, para mí, se me antoja especialmente complicado: ¿cómo es que no hemos llegado, aún, los seres humanos a un punto de no matarnos? Quiero decir… solo tenemos que no matarnos. No hay que hacer nada especial para conseguirlo. Tan solo vivir tu vida y tratar de no matar a nadie por el camino. Y claro que podemos estar en desacuerdo en muchas cosas. Podemos no entendernos. Pero, me pregunto, ¿cómo es que aún nos matamos unos a otros?

Aquello de no matar a otro ser humano debe de ser como la lección más básica de las básicas. Yo trato de que mis hijos no se peleen entre ellos. “Hablen las cosas”, “Dialoguen”… pero es que algunos de nosotros, humanos, no solo nos peleamos… es que a día de hoy aún nos matamos.

Y, la verdad, no encuentro las palabras que puedan explicarle a una niña de seis años que hay unos seres humanos que matan a otros seres humanos. Y tampoco me apetece encontrar esas palabras. Ni tratar de explicar cómo es que estamos aún -tras miles y miles de años- en este estadio de la evolución en el que habitamos un mismo planeta que dividimos por zonas y que luego los de una zona matan a los de otra zona por una serie de razones que me da, sencillamente, vergüenza humana expresar.

Y añado: no estoy en contra de nada. O, al menos, trato de no estarlo. Me da igual si necesitamos un ejército o no. Ahora mismo, es lo que hay. No me considero un activista de nada (y ni siquiera tengo claro qué significa serlo). Lo que sí creo que tengo es algo de sentido común. Y mi sentido común no me da para explicar esto de que aún nos matemos y de que -peor aún- lo normalicemos.

 

Imagen realizada por rgvmonster


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